Inmóvil contra un costado del escenario y echado atrás, casi inadvertido. Así se encontraba Steve Albini al comenzar el show y parece que varios se lo confundieron con Bob Weston, quien se encargó de la interacción con el público junto al disparatado baterista Todd Trainer. Aunque cueste creerlo, detrás de ese rostro tímido y nerd completamente ensimismado se escondía una de las más importantes figuras del indie, un provocador nato que viene militando hace más de dos décadas por el do it yourself como músico y productor, y que, dicho sea de paso, fue el letrista más crudo del hardcore punk en los ochenta al frente de Big Black.
Y esto fue algo que ese larguirucho de jeans cortados dejó entrever en funcionamiento con sus compañeros de banda, como un integrante más. En escena se plantaron tres adolescentes eternos que con sus movimientos espásticos hicieron sonar intensamente sus instrumentos, desafiando los oídos del público con ritmos repetitivos, pesados y trabados (no por nada había remeras de Merzbow, Napalm Death y Faith No More). La gente respondió con un pogo inusual en temas como “My Black Ass” y “Steady as she goes” y sobre el final terminaron golpeando los platillos junto a la banda en un cierre tribalista.
El show de ayer de Shellac en Niceto fue, aunque cueste creerlo, la más clara demostración del indie en ese reducto (a la par de la presentación de The Evens el año pasado). Y es que el indie, como supieron definirlo estos veteranos, no es un género, no es una música, mucho menos una moda, sino una manera auténtica y comprometida de acercarse a la música. Una manera de hacer las cosas que ayer fue demostrada por este trío que se las arregla solo con su propio trabajo, produciendo sus discos, gestionando sus giras, amoldando sus propios instrumentos y equipos, y buscando su sonido propio.

