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"What Happened to the Revolution", Black Rebel Motorcycle Club pasó por La Trastienda

Por: Marina Alurralde / Ph: Martin Mercado abril 07, 2008

En abril de 2005, durante un festival de cine, se pudo ver en Buenos Aires DiG!; un esfuerzo documental muy afortunado con todos los mejores buenos y malos momentos capturados durante 7 años de las carreras de The Dandy Warhols y Brian Jonestown Massacre. Su genialidad aparte, la película fue, para muchos porteños -me incluyo-, una puerta lateral a la obra de los Black Rebel Motorcycle Club. Peter Hayes se va de los BJM, la narración menciona el nombre de su nueva banda, vemos algunas fotos y listo; varios meses después, licuado el furor festivalero, el nombre de los BRMC permanece y sale “Howl”, todos los que habíamos estado distraídos conocemos a la banda con su álbum consagratorio.

En abril de 2007 “Baby 81” se cuela en internet, antes de su aparición en las disquerías del mundo, y en abril de 2008 los tenemos tocando en Buenos Aires. Un show que, si no era un show sino un partido de fútbol, era una final en la altura inclemente, que va 0-3 con uno menos y se pone 4-3 ó 5-3, con calor y lluvia. Así de heroico e inolvidable.

Durante la primera hora del recital, hacen una revisada muy democrática de todos sus cuatro discos, y para el séptimo u octavo tema los BRMC ya habían visitado y conquistado los reinos del reverb y la distorsión, y las tierras de la armónica y la pandereta. La primera canción que tocan es “Love Burns” de su disco debut,y después “Berlin”, del último álbum. “Berlin” la tocan primero bien parecida a la versión de estudio y después el riff se desdibuja para acercarse a un estilo libre, rayano con el blues. Así, la mayoría de las versiones en vivo de sus canciones exhiben, con más claridad que en los discos, las influencias de cierta época del rock inglés y las raíces norteamericanas que subyacen en toda la obra de la banda.

Los Black Rebel tienen dos cantantes que cantan casi igual, un poco se acompañan y un poco se provocan. En el fondo el baterista Nick Jago elige hacer un uso homeopático de su carisma de frontman. El bajista Robert Been y el guitarrista Peter Hayes cantan los dos casi todas las canciones tomando turnos o a la vez desde sus posiciones de acompañantes. En la posición de la estrella, en el medio del escenario, no hay nadie. Con esta disposición inusual, la comunicación con el público no pasa de algunas palabras de agradecimiento, pero la recepción es enorme. Todos aplauden y cantan, hay pogo y mosh. El estribillo de “Berlin” prueba ser más que la cosa generacional que dijeron todos los periodistas y es pegadizo y coreable. El colmo del singalong, igual, llega algunos temas más tarde con “Ain't No Easy Way”. Dos días después, durante su presentación en River, ante un número mucho mayor de personas mucho menos interesadas en la banda, la respuesta entusiasmada es aún más impresionante, tanto que en un ataque de coraje el bajista -con sus facultades mentales quizás algo nubladas después de un fin de semana en Buenos Aires- se arrojó al público, bajo en mano, mientras varias decenas de agnósticos conversos repetían a los gritos la fonética de las canciones.

Cumplida una hora de show, después de los 10 minutos de la inesperada “American X”, llena de flashes y humo, el back to back entre Robert Been y Peter Hayes se toma un descanso -un rato antes ya habían tocado “Red Eyes and Tears”, con la voz en cabeza del ex Brian Jonestown Massacre y su fraseo pormenorizado y contagioso, sílaba por sílaba-. Durante una suerte de intervalo acústico, ambos cantantes toman turnos, junto al baterista en la sección de ritmos, para acompañar al otro que canta sus canciones bajo la luz blanca de un reflector. Tocan dos canciones de “Howl”, su disco menos eléctrico y “Mercy”, del EP de las Howl Sessions. Después el recital se reanuda con mucha impronta de motos y rebelión. Con cinco o seis canciones construyen un clima muy intenso desde el aspecto más roquero de la banda que alcanza su punto crítico cuando tocan “Punk Song” (“Whatever happened...”). Los más flaquitos y alargados entre la audiencia escalan al resto haciendo mosh. En un punto mis pies dejan de tocar el piso y yo pienso que el tema bien se podría llamar “Grimme Song”.

Con la media hora de bises el show duró 2 horas reloj. Para el primer encore, “Took Out a Loan”, los BRMC invitaron a su “plomo”, un pelado con un look muy Faena meets Elvis Costello, a tocar con ellos. Me imagino que para él habrá valido la pena, en ese momento, la manipulación de la docena de bajos y guitarras que Robert y Peter cambian -por capricho o no- para cada canción, y que en hilera en el fondo del escenario, sirven como la mejor de las escenografías. Siguió “All You Do Is Talk”, que tuvo una rara calidad de himno que se le pegó a las últimas cinco canciones, para justificarse acabadamente en el último tema, “Heart And Soul”.

Después de haber cumplido su presunta palabra de tocar hasta el cansancio, los Black Rebel agradecieron y prometieron volver pronto. Todos nos fuimos de la Trastienda satisfechos y encantados, fieles confirmados, curiosos convertidos. En una escena con mayoría de shows carísimos, llenos de botones, que duran poco y suenan a jornada de trabajo los que se lo perdieron presten atención. Con suerte los próximos abriles nos traigan más discos y visitas de una banda que, en dos horas intensas y amenas, hizo su aporte para confirmar la teoría de la relatividad, para el tiempo y todo lo demás.

Comentarios

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  1. Peter dijo:

    miércoles, 14-05-08 21:45

    La verdad es que con BRMC no pasa nada flaco, son unos cowboys medio grasas y que por momentos me hacen acordar a Bon Jovi con Jesus & mary Chain, aca por supuesto que hay bandas mejores desde los 70's y quizàs el problema de ser fanatico y no escuchar me hizo dar cuenta que no pasa nada con estos pibes.

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