Lanzamientos

Massacre – El Mamut (PopArt, 11.2007)

By: Amadeo Gandolfo

diciembre 27, 2007

Nominalmente esto es una reseña sobre el último disco de Massacre, fresquito en nuestras calles. Pero en realidad es algo más. Es una reflexión sobre la trampa de hierro que significa el rock nacional para cualquier banda under. No, mejor, sobre la trampa de hierro que significa el “ascenso” del rock nacional.

Los discos de Massacre siempre fueron complicados para mí. Es una banda encantadora, respetable, Walas es un gordo ultra simpático. Nombran a los Dead Kennedys, tienen pasado skater, se hicieron de abajo, tienen uno de los mejores públicos de la historia. Y sin embargo, sin embargo, siempre me costó emocionarme con sus discos. Ojo, no digo que no existan ENORMES canciones y discos en su catálogo, solo digo que a primer impacto no lograban conmoverme. Que me acercaba a ellos con la conciencia de que eran una vaca sagrada del under y que TENÍAN que gustarme sus discos. Y con el paso del tiempo sí encontraba cosas que me encantaban, pero siempre con un dejo de cautela, como analizando todo demasiado. Quizás el momento en que me conmovieron de verdad, visceralmente, fue al verlos por primera vez en vivo, el año pasado, y encontrarme con una química público-artista pocas veces vista.  

Y también existió siempre en su música, como una corriente oculta, mas allá de las reminiscencias a lo mejor del indie norteamericano de los 80, una veta “rockera” demasiado pasteurizable, demasiado empaquetable. La voz de Walas es épica a su modo, las guitarras son elefantiásicas. ¿Como no transformar eso en otra atracción para los niños que van al Pepsi Music?

Y me parece que con este disco agarraron la zanahoria que se les extendía hace años tan apetitosamente. Ya el espantoso cover que habían hecho los Catupecu Machu hará cosa de un año de “Plan B” indicaba que estaban en “el ascenso”, en el camino a volverse otra banda, mejor o peor, integrada al establishment rockero argentino. Y ese es el problema de esta reseña. ¿Como se envejece tocando rock con dignidad, sin perder la ambición, sin darles a las hordas de jóvenes de remeras negras EXACTAMENTE lo que quieren? El rock en este país funciona como el fútbol. Y no me refiero a las demostraciones de cariño y efusividad tan propias de las barras bravas. Me refiero a la organización, a las realidades económicas de “pegarla”. Uno comienza tocando en bares de mala muerte, consigue sus primeros fans, saca algún ep o disco en sello independiente, toca en lugares mas grandes, de pronto es telonero de alguna banda “consagrada”, saca un disco un poco mas aceptado, quizás por un sello mas establecido pero no enorme, toca en su primer estadio o teatro, saca un disco por una multinacional y termina tocando con la Bersuit y los Piojos en un festival de bebida gaseosa. ¿No les suena ESPANTOSAMENTE parecido a ser un equipo de fútbol pequeño que sube de la c hasta la a? El problema es que es el único circuito, la única manera de crecer, y que en el camino las concesiones están a la vuelta de la esquina. El público es tan poco aventurero, tan conformista, que darles lo que quieren es más fácil, para una banda con cierto olfato y espíritu trabajador, que levantarse a la mañana. Los pocos que rechazan este camino se hunden en el culto, en los recitales esporádicos, en la apreciación por un grupo minúsculo de fans.

Y a pesar de que este disco de Massacre suena como Massacre, también suena como la primera concesión. Dura 51 minutos, todas las canciones son potenciales singles (o del tipo rockero o del tipo levantar encendedores en medio del recital), no hay experimentos ni raros interludios, el único cover no es de Black Flag, es un hit de Rod Stewart. Huele a profesionalismo por todos lados y eso no es, intrínsecamente, una mala cosa. Después de todo estos hombres (decir muchachos o pibes es bastante inadecuado) vienen peleándola hace como 20 años. Se merecen su lugar en el sol. Pero uno no puede evitar sentir que hay algo, evanescente y misterioso, que se ha perdido de lo que hacía a Massacre único.

Repito: “EL Mamut”, producido por Juanchi Baleirón (Los Pericos) y grabado en el estudio El Pie, entre mayo y octubre de 2007, no es un mal disco. “La Octava Maravilla” y “Estamos en Problemas” son los típicos temas de Massacre que mezclan letras a la vez personales y misteriosas con grandes guitarras que parecen destilar sentimientos purísimos. “La Reina de Marte” continua con la obsesión por la clase b y las heroínas de la ficción científica. “Divorcio” es una canción que por fin traiciona la edad de quien la compone y trata con temas profundamente adultos.

Pero el adjetivo que le calza a la perfección, más que genial o idiosincrásico o personal es…competente. Y eso habla más sobre el ambiente sofocante en el que cualquiera que quiera ganarse la vida haciendo música tiene que moverse, sobre las trampas de la notoriedad y la imposibilidad de mantenerse independiente que sobre Massacre en sí. Y es un poco triste.

Lista de temas: 01-La Octava Maravilla / 02-Compulsión / 03-Estamos En Problemas / 04-La Orquídea Blanca / 05-Divorcio / 06-La Reina De Marte / 07-Vienen Zombies / 08-Clavos Y Globos / 09-Invasoras Amazonas / 10-Maggie May / 11-La Epidemia / 12-Resurrección

Recomendados: “La Octava Maravilla”, “Estamos en Problemas”, “Divorcio”. Total de Tracks: 12. Tiempo total: 51:00

Contacto: www.massacre.com.ar

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