| Por
Lucas Garófalo (lucasgarofalo@gmail.com)
"¿Ya escuchaste ‘Tumba
Tu Tumba’?" le pregunté entusiasmado al amigo
más fanático de Amoeba que tengo,
apenas unas horas después de haberlo escuchado yo por primera
vez. "No", me dijo para mi sorpresa, "todavía
no, pero no le tengo mucha fe, me dijeron que lo grabaron re pro
y Amoeba es cabeza, Amoeba es
bardo, no jodamos". Mitad para dar por terminada la conversación
y mitad porque no se me ocurrió otra cosa mejor para decir
en el momento, le contesté que no se preocupara, que a
pesar de la calidad de la grabación el bardo estaba ahí
como él quería, aunque en realidad debí haberle
dicho que su definición de Amoeba era,
por lo menos, incompleta e injustamente reduccionista.
Efectivamente Amoeba
es cabeza y es bardo, pero decir eso es como decir que Alí
pegaba fuerte, es simplificar demasiado algo que tiene otro montón
de aristas tan o más interesantes: que era rápido
de pies y, sobre todo, de mente, que era valiente adentro del
ring pero más valiente aún afuera, que
era ingenioso, ganador, divertido, elegante, y que pegar fuerte
es una característica necesaria pero de ninguna manera
suficiente para llegar donde llegó Alí.
Como decía, efectivamente Amoeba
es cabeza y es bardo -algo que puede verificarse tanto en una
escucha atenta a sus letras ("Deliberastes un adiós",
"Cuántas veces golpié") como viéndolos
en vivo-, pero también es riesgo, curiosidad, movilidad,
experimentación, apertura; entonces la propuesta termina
siendo mucho más rica e interesante. En todo caso, si es
necesario simplificar, hagámoslo bien y digamos que es
una banda "callejera" -una palabra que después
de Cromagnon puede haber tomado nuevos significados pero que,
en principio, no debería cargar connotaciones negativas
y que engloba perfectamente todas las características de
Amoeba-. De hecho,
su personalidad callejera va más allá de la música
y se aplica también a su amor por el skate o a
su interés por el stencil y el sticker,
disciplinas que se practican casi exclusivamente en las calles
(todos tenemos alguna remera ‘stencileada’
o un amigo que andaba en skate en el living, pero convengamos
que son la excepción y no la regla). Los integrantes de
Amoeba no pueden
quedarse demasiado tiempo en sus casas porque enseguida se aburren
y necesitan salir, generar, ponerse en movimiento. Si no es tocando,
puede ser editando discos por Sniffing Recording Industries,
pintando paredes con el colectivo Run Don´t Walk
o vaya uno a saber qué otros proyectos paralelos menos
conocidos pero seguramente igual de interesantes.
Amoeba corre, no
camina, y lógicamente le transmite esa energía a
su sonido. En ese sentido, escuchar “Tumba Tu Tumba”
es como andar en patineta o salir de pegatina: tiene la adrenalina
de lo riesgoso y lo prohibido; tiene la agresividad de una caída
en el cemento y la velocidad con la que se escapa de un policía
no muy amigo de las latas de aerosol. Son catorce temas en veintipico
de minutos que pasan como un tren sin frenos. Pero lo mejor del
disco no es esto, que a decir verdad es bastante obvio (justo
lo que uno podía esperar de una banda así), sino
la aproximación personal que hacen del hardcore
y el skate-punk, tomando sus raíces pero transformándolo
en otra cosa. La misma apertura y decisión que muestran
participando en diversas actividades la aplican a la hora de hacer
música. Amoeba
se anima a modificar genéticamente un género para
conseguir una especie diferente y original, que sigue siendo hardcore
y skate-punk, pero que además es marcadamente
surf y rockabilly (con mención a los
Tormentos en los agradecimientos incluida). Debe haber pocas bandas
del género que se permitan poner, en la exacta mitad del
disco, un tema ¡instrumental y con teclados!.
Con respecto al sonido, es cierto que "lo grabaron re pro"
en el estudio El Pie (donde graban muchas de las bandas de distribución
masiva, llámese Cerati o lo que sea) pero,
contrario a lo que pensaba el amigo más fanático
de Amoeba que tengo,
eso no les juega en contra sino que los potencia. No fueron ahí
para tratar de emular el sonido de las bandas "grandes",
más prolijo o, en definitiva, más standard,
porque tienen la suficiente personalidad como para usarlo según
les convenga. El estudio no fue un fin en sí mismo sino
un medio para lograr mucha más agresividad, para crear
un disco físico, que se siente en el cuerpo y se corresponde
con el espíritu de la banda y sus letras. Y que hace que,
cuando termina el último tema, a uno le queden doliendo
los huesos como si hubiera andado en la calle todo el día
y toda la noche.
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/ no salven a la reina - Total de Tracks: 14 - Total de Tiempo:
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16) - Contacto: amoebaskaterock@hotmail.com
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