Acaba de terminar su primer disco solista llamado “Tierra” y viene acumulando elogios por las presentaciones en vivo junto a su orquesta Las buenas semillas. Tiene un pasado rockero, como integrante de los grupos E.N.O. y Música para niños, un presente ligado a la música popular de raíces folklóricas y muchas fichas puestas para convertirse en la nueva niña adorada de la canción. Shhh, no se lo digan a nadie pero su nombre es Julieta Rimoldi.
Hace algún tiempo una niña pasaba sus días cantando y jugando en un lugar lejano, colmado de montañas y vegetación, llamado Usuahia. Su vida se alternaba entre una relación armónica con la naturaleza y Pan de Uva, un grupo de rock con el cual dio su primer concierto a los dieciséis años. Por esas cosas del destino, Julieta tuvo que mudarse a la gran ciudad y todos los pajaritos y los árboles que la acompañaban se convirtieron en edificios, colectivos y un gran reloj que la apuraba. “Me crié en un lugar súper natural así que me costó mucho adaptarme a este ambiente, como que lo odié en un principio. A mí me pasa que en la ciudad estoy medio perdida en esta vorágine que empezás a correr de un lado al otro sin llegar a ningún lugar. El problema es que como no tenés la naturaleza a simple vista te olvidás de parar, ella te muestra eso, que todo tiene un curso lento y así funciona bien”.
Una vez instalada en Buenos Aires formó junto a sus dos hermanos un grupo de rock experimental llamado E.N.O. (Experimental Noise Operation), con el cual hizo muchas presentaciones en vivo entre 1999 y 2002. Estuvieron casi tres años y medio tocando juntos pero a la hora de grabar el primer disco la banda se disolvió por conflictos internos.
A partir de ahí Julieta empezó a vislumbrar lo que luego sería su proyecto solista. Con un montón de canciones que no había podido introducir en su grupo anterior, se juntó con Juan Ravioli y crearon Música para niños, un conjunto que “duró un año nada más, porque decidí que no era lo que estaba buscando, yo quería hacer algo enteramente acústico y no quería más escuchar una guitarra con efectos, ni una batería, ni teclado, ni nada enchufado”.
La necesidad de volver a lo natural que experimentó al conectarse con la gran urbe se trasladó esta vez a la música. Si lo superficial y acelerado de la vida moderna la enfermaban entonces buscó el antídoto en el espacio de expresión que tenía más a mano y creó una orquesta con todos instrumentos acústicos que se despojó de la electricidad y encontró en lo positivo de la calma su leit motiv.
Hay una cuestión regeneradora en tu música.
Sí, yo me expreso desde un lugar que si me siento mal, no digo me siento mal, digo la lluvia me limpia. Hay un tema que se llama “Sale el sol” y el estribillo dice “por favor que salga el sol”, está hablando de la naturaleza pero en realidad en ese momento yo me acababa de separar de alguien. Es como que busco en la música sentirme mejor. No necesito expresar la tristeza literal para hacer la canción, sino que me hace mejor expresar cosas que me harían bien para sacarme eso triste que tengo adentro.
¿Por qué se llama “Tierra” el disco?
Me fui de Usuahia que era mi lugar, el lugar donde nací, y ya no sabía ni de dónde era parte, tenía esa sensación, entonces, como que tiene un poco que ver con eso, con querer echar raíces, que uno mismo saque la raíz y se plante donde quiera. La tierra puede ser donde vos quieras, pero tenés que plantarte también.
Contacto:
www.julietarimoldi.com.ar/


